Bodegas subterráneas de Aranda de Duero

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Un elemento presente en todos los pueblos de la Ribera del Duero –y especialmente en su capital, Aranda de Duero– son las bodegas subterráneas, la mayor parte de ellas excavadas entre los siglos XII y XVIII. Se trata de lugares de una gran quietud, que reúnen las condiciones ideales de temperatura y humedad para la maduración y conservación del vino.

Puesto que una buena ventilación resulta fundamental, las bodegas están generalmente comunicadas entre sí por galerías, lo que ha dado lugar a intrincadas redes situadas a una profundidad que ronda los 10 metros. En Aranda de Duero, la Bodega de las Ánimas ofrece una visita turística, mientras que otras están ocupadas por restaurantes o son utilizadas por las peñas, que realizan una gran contribución a la conservación de tan singulares espacios.